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facetasdemipsique:

Creo realmente que hay un nexo de unión entre el sexo esporádico y la soledad. Y cuando hablo de sexo me refiero al sexo común, al vainilla. Puedo decir sin ningún tapujo que en los últimos cinco años habré estado con al menos una veintena de chicos. Amantes pasajeros, de un par de noches, sólo de una, de un par de meses y hasta de seis. Es lo máximo que estuve con alguien en este último lustro.

No desprestigio con ésto las experiencias que me han aportado. Pero seamos realistas… El sexo, el simple sexo, el sexo sin más, es hueco. Y cuando este se alarga demasiado llegan las confusiones, las frustraciones. Nacen las necesidades, ya que es cierto aquello que dicen de que el roce hace el cariño. Y aunque siempre me cuidé de no caer en ello la última vez fui tocada y hundida.

Una pérdida de tiempo, eso es lo que fueron estos últimos seis meses. Me arriesgué por primera vez tras años y me caí con todo el equipo. Fué como estar en una monta rusa, un tira y afloja, una de cal y otra de arena, un sí pero no y todas las analogías que se os puedan llegar a ocurrir. 

Sin embargo, aunque salí herida y llena de rasguños emocionales debido a tanto altibajo, una vez más saqué algo de ello. Soy capaz de volverme a enamorar, y sí, sé que no es ninguna novedad… Pero, creía rota esa parte de mí. Tan oscura y asqueada con todo, pensaba que no tenía el valor suficiente para saltar. Y él tenía razón, ¿sabéis?. Merezco, merecíalgo mejor que las migajas que él podía ofrecerme. Así que sin pensarlo y tras llorarle sólo una noche, la cual acabé entre risas y birras gracias a un buen amigo, me lancé al vacío y humedad de otra boca sólo unos días después.

ahora tras dos semanas y media grito sin dudarlo que no traté de quitar la mancha de una mora con otra, ni ese fue el resultado. En la dolorosa y húmeda jungla que esconde esta nueva boca me estoy descubriendo a mí misma. No ando devorando una simple y común mora, estoy bañándome en el jugo de lambrosía.

Entre azotes, cera, pinzas y moratones en las rodillas estoy hallando aquello que pospuse por no encontrarlo antes. Aún siendo pronto, muy pronto y sin tener la certeza de cuanto durará, la complicidad me desborda. Por eso ordené a mis demonios ir despacio, con buena letra, con buen pie y prudencia. Sin embargo, hace unos par de noches, éstos me traicionaron. Me dejaron expuesta, desnuda. Llorando como una niña pequeña.

Hacía bastante que no tomaba cubatas y aunque al principio todo iba bien, con el paso de las horas mis barreras y capas se fueron ablandando. Rompí a llorar, por todo, por la soledad, esa inexorable compañera de viaje. Me embarraqué, por las mierdas, las desilusiones, los temores, algunas inseguridades, debido al odio y rechazo contenido hacía este mundo que no termino de comprender.

Y sus brazos me rodearon, os lo juro, me sostuvieron como ni siquiera lo hizo nunca mi mismo padre. Recuerdo ver mis dedos, mis uñas enrojecidas por la intensidad con la que me aferraba su camisa. Su boca susurraba entre mi cabello, internándose en mi oído, filtrándose por mi nervio auditivo y llegando a ese apartado de mi cerebro lleno de anhelos

"Llora, déjalo salir” “En serio, no estás sola” “Me tienes aquí” “No estás sola, no te reprimas” “Llora lo que tengas que llorar, desahógate” “No estás sola”

Lo repitió hasta la saciedad, una y otra vez mientras mi llanto variaba. Me hizo sentir como hacíaños que nadie lo hacía. Segura, a salvo. Y la soledad remitió…

Por eso, aunque no sea muy dada los consejos de este tipo… No elijas a quien tambalee tu suelo, si no a quien te centre. No te dejes engar por ilusiones banas de alguien que te roba el corazón, pero entrégate sin pensar a quien te ayude a encontrarlo de nuevo. Sea como sea, sin pensar en que será de ello ni cuanto durará o a donde llegaréis. 

ZANAHORIA, HUEVO O CAFE

El oro para ser purificado debe pasar por el fuego, así como el ser humano necesita pruebas para pulir su carácter. Pero lo más importante es: ¿Cómo reaccionamos frente a las pruebas?

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.

A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un recipiente. Sacó los huevos y los colocó en otro. Coló el café y lo puso en un tercer recipiente.

Mirando a su hija le dijo: “Querida, ¿qué ves?”. “Zanahorias, huevos y café”, fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

Humildemente la hija preguntó: “¿Qué significa esto, padre?”. Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: ¡agua hirviendo!, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua siendo fuerte y dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua siendo frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.

"¿Cual eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?"

¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable, posees un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, un divorcio o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero… ¿eres amargada y áspera, con un espíritu y un corazón endurecido?

¿O eres como un grano de café?. El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. ¡Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor! Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor… ¡tú reaccionas mejor! y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.

¿Cómo manejas la adversidad? ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café? Piénsalo…

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